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LOS DESEOS SI PREÑAN

Por Lic. Rigoberto A. Becerra D. (MAF)

Ese día mi compadre Temístocles se levantó con una sola idea en su cabeza. Demostrarse él, demostrarle al mundo, demostrarle al presidente Chávez y, por supuesto, demostrarle a Inezita (así se llamaba la susodicha) que los deseos si preñan, contrario a ese dicho o refrán muy común (dicho por nuestro querido y odiado Presidente) de que "los deseos no preñan", o también hacerle tragar las burlas continuas de Inezita que después de sus también continuas provocaciones, que ponían a mi compadre al borde del colapso, solía culminar con una sonrisa de oreja a oreja y la frase ¡Ay, Don Temístocles, lo que interesa no es ver sino comer!, o también ¡Don Temístocles! ¿Para qué ve la lista si no juega lotería?., mientras pasaba frente a él con su minifalda una cuarta por encima de la rodilla, o con sus pantaloncitos supercalientes, y siempre cuando mi compadre se iba para el trabajo, en la mañana, o cuando llegaba del mismo y se disponía a descansar, por lo que mi compadre realizaba los asientos contables al revés, se le dañaban varias planillas de conciliación bancaria, o no podía realizar su acostumbrado reposo de mediodía.

Así, mi compadre, desde el porche de mi casa donde vuelve a estar exilado después de sus problemas con la Secretaria POR CULPA DE LA SECRETARIA, y de San Nicolas POR CULPA DE SAN NICOLAS y de la Bolivarina y el Partido POR CULPA DEL PARTIDO Y LA BOLIVARIANA de nuevo vió a Inezita en el balcón de su casa frente a la mía, vestida como siempre con una provocadora minifalda que dejaban traslucir unos minipantis y un suetercito de esos que dejan ver el ombliguito. Entonces, comenzó a mirarla, a contemplarla con firme y tenaz insistencia, siendo descubierto por Inezita, quien, con burlona coquetería y atracción fatal, soportó la relativamente lejana mirada, la cual se fue haciendo más fuerte y donde el deseo de mi compadre se fue concentrando, intensificándose, hasta hacerse sólido, hasta que pudo escupirlo por la boca convertido en una frágil y blanca plumita. Mientras tanto Inezita continuaba retándolo con continuos movimientos sinuosos en el balcón para mantener la mirada y atención de mi compadre.

Mi compadre continuó mirando a Inezita cada vez con más fuerza, transformado, parecía una estatua, viendo como la plumita frágil y blanca cruzaba la calle, se elevaba, ascendía graciosamente en espiral, en semicírculo, buscando su objetivo, hasta alcanzar la altura del balcón. Inezita la vió pero no le paró, !fatal error!. Ya frente a Inezita la frágil y blanca plumita se escurrió muy sutilmente por debajo de la minifaldita de Inezita, bajó sus minipantis y ¿qué creen ustedes?, desapareció fugazmente.

Los resultados no se supieron sino después de dos meses cuando después de dos menstruaciones suspendidas, ciertos mareos, además de aumento de su abdomen, de sus senos y otras señales inequívocas, Inezita llegó a la conclusión de que estaba preñada, pero ¿quién?, si ella no había estado nunca con hombre alguno. El rumor corrió por todo el vecindario, por todo el pueblo, se extendió a sitios circunvecinos, se habló hasta de milagro, aunque conociendo la coquetería de Inezita era poco probable. El misterio se aclaró cuando pasando Inezita por el lado de mi compadre, ahora le tocó a él, con voz socarrona, engalanada, le dijo: ¡Inezita, los deseos si preñan!.

Demás está decir, que desde ese día las jóvenes del pueblo se cuidan en su vestir, en su forma de pararse en el balcón, en sus coqueteos, no les vaya a suceder lo de Inezita.

¡QUIEN TENGA OJOS QUE VEA! ¡NO SEA USTED LA PROXIMA.!

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