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POR CULPA DEL FOTOGRAFO

 

Por Lic. Rigoberto A. Becerra D. (MAF)

 

En realidad las confusiones suelen ser muy comunes en estos días donde todo el mundo anda nervioso, por diversos motivos. De todas maneras le recomendamos que cuando den una dirección a alguien, a un amigo, a un compañero de trabajo, a un pariente, y con mayor razón a un proveedor de algún producto o servicio, sean lo más cuidadosos y claros para que no les vaya a suceder lo de mi compadre Temístocles, que como Uds. ya saben es experto en buscar problemas y después echarle la culpa a alguien. Incluso, ya con las confusiones tenemos una experiencia con él, recuerden cuando se desempeñó como cobrador POR CULPA DEL POCO LEXICO. Sin embargo, parece que mi compadre no escarmienta, y como la situación sigue igual o peor que hace varios años (desde el que te conté  llegó a la silla), tuvo que ahora buscar el puesto de fotógrafo en una agencia especializada en foto para niños.  Vean Uds. lo que pasó:

Una pareja llevaba muchos años de matrimonio y no había logrado tener familia. Tras consultar varios doctores, sin éxito, fueron a ver a un 
especialista muy renombrado quien, tras muchos estudios, les
dijo que la   única   solución   era   que   buscaran   un   padre sustituto.
 - "¿Y    qué   es   un   padre   sustituto?",  -  pregunta   la señora.
 - "Es  un  hombre  seleccionado  con  mucho cuidado y que hace, por una única  vez,  las  funciones  del  esposo  para  que  la  mujer quede
embarazada", - le responde el especialista.
La  señora vacila un poco, pero su marido le dice al doctor que él no tiene  ningún  inconveniente  con  tal de ver realizada su
ilusión de convertirse en padre.

Así, pocos días después, se contrata a una persona por teléfono y se  hace  una cita para que al siguiente domingo por la mañana, cuando se ausente  el marido de la casa, vaya y visite a la señora para cumplir  su tarea de padre sustituto.


Sin  embargo,  sucedió que mi compadre Temístocles, en su condición de fotógrafo de niños había sido llamado a una  casa  vecina  para  retratar a un bebé. Por azar del destino, o por que siempre mi compadre es malo para las direcciones, se   equivocó   de  domicilio  llegando  al  de  la señora, quien sale a recibirlo:

 - "Buenos     días,     señora,     vengo    por    lo    del niño". – dice mi compadre.
 - "Mmm,      sí,      pase      usted.      ¿Gusta     tomar algo?". Le responde la señora.
 - "No,  muchas  gracias, el alcohol no es ! bueno pa´ mi trabajo. Lo que  quisiera es comenzar cuanto antes". – replica mi compadre.
 - "Muy    bien,    ¿le    parece    si    vamos   a   la habitación?".  – añade la señora.
 - "Puede  ser  allí, pero también me gustaría una aquí, en la sala, dos en la alfombra y otro en el jardín", - le dice mi compadre.
 - "¿Pues    cuántos    van    a    ser?",    se   alarmó   la señora.
 - "Ordinariamente  son  cinco  en  cada sesión, pero si la mamá coopera pueden  ser  más, todo depende",
dijo mi compadre mientras sacaba del portafolios  un álbum. "Me gustaría que viera antes algo de lo que he hecho.

Tengo una  técnica  muy  especial  y  única  que  le ha gustado mucho a mis clientas,  por  ejemplo,  mire el retrato de este niño tan bonito: lo hice  en  un  parque  público, a plena luz del día. ¡Cómo se juntó la gente  para verme trabajar! Esa vez me ayudaron dos amigos, porque la señora  era  muy  exigente: con nada le podía yo dar gusto y quedarle bien.  Para colmo, esa vez tuve que suspender el trabajo porque llegó una ardilla y comenzó  a mordisquearme el equipo", terminó mi compadre.
La  señora,  estupefacta,  escuchaba  todo esto mientras mi compadre el fotógrafo continuaba:
 - "Ahora  vea  estos  mellizos.  En esa ocasión sí que me lucí, todo lo hice  en menos de cinco minutos: llegué y ¡paf!, dos tomas y mire los gemelos  que me salieron.
La  señora  estaba  cada  vez  más  asustada  oyendo al fotógrafo que continuaba:

 - "Con  este niño batallé un poco más, porque la mamá era muy nerviosa.
Yo  le  dije:  mire  señora, usted volteé hacia el otro lado y déjeme hacer  todo  a  mí.  Ella se volteó, y así pude yo hacer mi trabajo", - añadió mi compadre.
A  esta  altura,  la  señora estaba a punto del desmayo. Mi compadre, el fotógrafo, guardando su álbum le dice:
 - "¿Quiere que comencemos ya, señora?"
 - "Cuando usted diga", Sr. Fotógrafo.
 - "Está bien, voy por mi trípode", dice mi compadre.
 - "¿Trípode?", dijo temblando la señora, con una voz que no se oía.
 - "Sí",  comenta  muy  tranquilo  mi compadre el fotógrafo, "es que usted sabe, mi aparato  es  muy  grande  y  necesito  un  trípode  para apoyarlo
y  estabilizarlo,  porque  ni con las dos manos puedo sostenerlo bien...

 - "¿Señora?, ¿señora?... ¡Señoraaaaa!", se oyó gritar a mi compadre.

 

No era para menos, la señora se había desmayado del susto y había caído cuan larga era en la sala de su casa, donde hubo que llamar a los vecinos y al esposo para que la atendiera, quien al enterarse de que había sido mi compadre el culpable del desmayo, lo sacó de la casa y le rompió la cámara fotográfica, pues mal entendió que era un depravado sexual que quería fotografiar su tarea de padre sustituto con su clienta.  Después, cuando se aclaró todo, tanto el padre sustituto como mi compadre cumplieron con su respectiva tarea, pero mi compadre renunció inmediatamente a su trabajo pues tuvo que cancelar la cámara fotográfica y por el susto que pasó, echándole la culpa a su papel de fotógrafo.

 

 

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